
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Las voces grabadas en el tiempo es un mosaico de relatos que atraviesa épocas y continentes: de la China imperial a colonias victorianas, paisajes africanos, ciudades contemporáneas o mundos marcados por epidemias medievales. Cada historia es un universo moldeado por el tiempo, que se repliega sobre sí mismo y deja ecos más allá de cualquier frontera.
Ciencia ficción, realismo social, suspense, terror, comedia y la magia de culturas lejanas se entrelazan para dar vida a campesinos, navegantes, escribas, científicos o sacerdotes que enfrentan hambre, miedo, injusticia, pasión y valor. Relatos que son espejos de la condición humana, donde el tiempo no borra nada y las voces siguen resonando para quien sabe escuchar.
Miguel Díaz Montero es un escritor valenciano nacido en 1978. Inició su trayectoria en la poesía, donde forjó una voz atenta a la memoria, al tiempo y a la dignidad de lo cotidiano. Esa mirada, influida por su interés en la astronomía y la ciencia, le enseñó a observar lo inmenso y lo mínimo con el mismo rigor. En el centro de su escritura hay una convicción firme: las historias que sostienen el mundo rara vez son contadas. De ahí su tránsito natural hacia una narrativa de raíz social, centrada en las vidas discretas, el trabajo invisible y las experiencias desplazadas del relato dominante. Sin estridencias ni consignas, escribe desde el detalle y la escucha. Su prosa combina el pulso lírico de la poesía con la precisión de una mirada científica para atender aquello que suele quedar fuera del foco.
«Este libro es para quien siente que el tiempo no pasa en línea recta, sino que deja huellas, cicatrices y ecos. Las voces grabadas en el tiempo propone un viaje por épocas y culturas distintas para recordarnos que, pese a los siglos y las fronteras, las preguntas esenciales siguen siendo las mismas. Aquí encontrarás ciencia ficción que interroga, realismo social que duele sin alzar la voz, relatos que inquietan, conmueven o iluminan desde lo pequeño. Cada historia ofrece una mirada distinta, pero todas comparten una misma pulsión: escuchar a quienes rara vez ocupan el centro del relato. Este libro no busca respuestas fáciles ni evasión rápida. Invita a leer despacio, a reconocerse en otros cuerpos y otros tiempos, y a aceptar que lo aparentemente insignificante también construye sentido. Si crees que la literatura aún puede ser un espacio de memoria, conciencia y emoción verdadera, este libro es para ti.»
«El cielo se había roto en nubes bajas, como si el verano se hubiese dado un respiro. Margaret hundía las manos en la tierra húmeda, con esa reverencia práctica que solo tienen quienes aman lo que trabajan. George estaba junto al viejo arado, ajustando la cuchilla como un cirujano rural, mientras silbaba una melodía religiosa aprendida en su juventud como monaguillo.
La finca no era grande, pero tenían lo justo, un campo de cebada, una parcela de patatas tempranas y dos hileras de manzanos que les daban sidra y sombra.
Al borde del riachuelo, una pequeña noria adosada a un diminuto molino, que también hacía las veces de corral improvisado para la media docena de gallinas que tenían.
Margaret conocía cada raíz por su nombre. Cuando no araba cosía. Cuando no cosía, contaba los sacos de grano, los pagos del molino, o los huevos de las gallinas ponedoras. Su vida era una suma de acciones pequeñas, sólidas y necesarias para subsistir.
—Esta tierra no sabe de dueños —dijo George una vez, mientras enterraban semillas al atardecer—. Es siempre agradecida con quien se preocupa por ella. Y tú lo has hecho desde siempre.
Margaret no respondió, solo esbozó una tímida sonrisa de agradecimiento y mirándole con complicidad a los ojos, solo le tocó la manga con los dedos manchados de barro, y siguió sembrando y observando como crecía su última cosecha al mismo ritmo que lo hacía ese rumor lejano.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Miguel Díaz Montero os lo agradeceremos.