Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
El pueblo costero de Cabo de Palos amanece con la peor de las noticias: el pequeño Hugo Noguera ha aparecido sin vida en la cúpula del faro con una máscara veneciana y un extraño símbolo en el pecho. La inspectora Violeta Bidarte, al frente de la investigación, descubrirá que la muerte de Hugo no ha sido la única y que una nueva víctima será asesinada cada medianoche.
Bidarte y su equipo trabajarán a contrarreloj para descifrar las pistas que conducen a los lugares ocultos donde se cometerán los crímenes y que conectan el caso con una antigua institución secreta ligada a la Santa Inquisición. A la investigación se suman dos policías locales, Luis Ros y Luna Merino, que poco a poco descubrirán los secretos que esconde el pueblo y que serán cruciales para revelar la verdadera identidad del asesino.
Nacido en 1992 en Murcia, Jesús Oersen presenta su primera novela, inspirada en el estilo noir de Agatha Christie, donde todos los personajes son sospechosos y tienen una personalidad única. Ambientada en la geografía española, la historia lleva a los protagonistas a través de un viaje lleno de secretos, incorporando detalles históricos que enriquecen la trama. Con esta obra, Jesús ofrece una ficción con tintes de realidad que promete mantener a los lectores enganchados hasta la última página.
«Si sois apasionados de la novel negra y de la riqueza cultural y paisajística de nuestro país, no podéis dejar de leer este libro.
A través de sus páginas, os invito a explorar rincones ocultos de España y a descubrir detalles fascinantes que quizás no conocíais.
Además, si disfrutáis desentrañando misterios y os gustan los giros inesperados, esta novela os mantendrá pegados a ella hasta acabarla. Cada capítulo os llevará más profundo en una historia llena de enigmas.
Sumergíos en esta experiencia literaria y dejaos llevar por un viaje que combina la belleza de nuestra tierra con la intriga de un buen thriller.»
«El viento olía a madrugada y el faro atravesaba la niebla que inundaba la costa de Cabo de Palos. Decían que la bruma traía de vuelta las almas de los más de doscientos fallecidos que el Sirio había olvidado en las profundidades del mar tras su hundimiento a inicios del siglo XX. Aprovechando el mimetismo de la niebla, los pasajeros renacían de entre las aguas ocultando sus huesos bajo trajes de época remendados y vagaban por las calles en busca de almas a las que transmitir el presagio de una muerte inminente.
Con el mismo silencio con el que los fantasmas del mar recorrían el pueblo, Tethra entró en la habitación del niño. Una máscara veneciana de expresión enigmática velaba su rostro dejando al descubierto unos ojos que la noche había secuestrado con un tono carbón. Contuvo el aliento por espacio de unos segundos y, sirviéndose de una precisión milimétrica, hendió el cuchillo en el corazón del niño. La adrenalina, como una droga, le permitió sentir cómo la sangre recorría sus venas a una velocidad desorbitada. Era una sensación desconocida, pero placentera. Blandió una mueca canina y contempló la macabra escena que se revelaba ante sus ojos mientras la melodía de las olas se colaba por la ventana. Con el niño sobre sus hombros y presa de una excitación demencial, entreabrió la puerta del dormitorio de los padres y se aseguró de que ambos dormían. Después subió por la escalera con los ojos inyectados en sangre e intentando calmar el jadeo que había despertado a su ser más siniestro. Una vez hubo alcanzado la parte más alta, sentó al niño sobre el suelo, enfrentado a la inmensidad del mar que inundaba el horizonte. La máscara con la que ocultaba su rostro seguía produciéndole el mismo pavor de siempre. Desvió la mirada mientras se la quitaba y se la colocaba al niño para evitar revivir los horrores del pasado. A cara descubierta ya no era Tethra y se sentía fuera de toda protección. Luego se sacó la navaja que escondía en el bolsillo, pero los nervios hicieron que resbalase de sus manos y cayese al suelo. La navaja impactó contra la piedra y su sonrisa nerviosa mutó en un gesto que reflejaba el temor a que los padres se despertasen. Con la rapidez de un guepardo, rajó la camiseta del niño hasta dejar su tronco al descubierto y le trazó varios cortes sobre el pecho. Tethra se mordió el labio como si el gesto le ayudase a saborear más sutilmente el gusto de la muerte. La hoja osciló con astucia como un escalpelo. El lugar del marcado de la víctima había sido motivo de disputa. Tethra había propuesto el centro del tórax.
—Aunque la punta del corazón está orientada hacia la izquierda, es una falsa creencia que el corazón está en el lado izquierdo del pecho. Está en el centro del tórax.
—Aun así, será mejor marcarlos en el lado izquierdo. Hazme caso. A veces las falsas convicciones superan a la verdad —respondió Leo con la voz tierna que le caracterizaba cuando se dirigía a Tethra—. Piensa en la creencia de que Napoleón era bajo. ¡Todo mentira! Medía casi un metro setenta, que era la estatura media de los franceses de su época. Una verdad descontextualizada es una gran mentira.
—Sí, pero…
—Nada de peros, Tethra. Los vikingos nunca utilizaron cascos con cuernos y, sin embargo, así se representan en todas las películas... La gente sigue creyendo que los gladiadores morían al final del encuentro y no era así; conservaban su oficio de gladiador de por vida.
—De acuerdo, Leo —concluyó, condescendiente—. Los marcaremos en el lado izquierdo.
Tethra había aprendido a acceder a todo como un títere. La única decisión propia había sido la de poder escoger su apodo, su alter ego. Había conocido a Tethra, deidad de la oscuridad primigenia, gracias a su oculta afición a la mitología celta.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito 93, Jesús Oersen os lo agradeceremos.