Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 50 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
La Isla de los Gatos bucea en la historia reciente de España de la mano de dos personajes representativos del batallón de los «prescindibles»: un exiliado republicano se asienta en Nueva York poco después de finalizar la guerra civil y un joven se desenvuelve en el turbulento Bilbao de los ochenta / Los Años de plomo. Al entrar ambos personajes en contacto en una isla en la que han recalado en el ocaso de sus vidas, basta un roce entre ellos para que sus destinos, incompatibles en apariencia, queden ligados.
La cara oculta de la transición brilla en La Isla de los Gatos. La experiencia de sus protagonistas está compuesta de la materia sobrante con que se tejió la sociedad española contemporánea. Vidas a merced de los acontecimientos que pugnan por preservar un mínimo de dignidad cuando las circunstancias conspiran en su contra.
Sergio Sánchez-Pando Serrano nacido en Bilbao, es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco, y cursó estudios de posgrado en Integración Europea (Universidad de Reading) y Relaciones Internacionales (Bologna Center – Paul H. Nitze School de la Universidad Johns Hopkins).
Ha practicado durante largos años la crítica literaria y cultural en varios medios digitales de arte y pensamiento, y escribe en su propio blog desde el 2005: LAMENTOS DE UN MARINO VARADO EN TIERRAS DE SECANO (https://queraroestodo.blogspot.com).
Entre los diversos premios de relato que ha obtenido destacan el X Certamen Literario Luis Mateo Díez y el XV Certamen Literario de Alfambra.
La Isla de los Gatos es su primera novela publicada, su segundo libro tras De paseo por la ciudad que murió de éxito (2013).
«¿Por qué leer La Isla de los Gatos? Porque la novela sirve como antídoto contra la amnesia colectiva, no ya de la experiencia de los damnificados en la guerra civil y de la represión posterior, sino también de quienes idealizan los años posteriores a la Transición y su supuesto clima de libertad sin parangón. Exilio, terrorismo, sida, heroína, guerra... condicionantes de unas vidas en la sombra que se desenvuelven en distintos tiempos y escenarios como en arenas movedizas. La isla de los gatos arroja un haz de luz sobre la microhistoria reciente de España que, sea a través de la casualidad o del destino, contribuye a la comprensión de cómo hemos llegado hasta aquí y qué nos dejamos en el camino».
«El invierno se va quedando atrás. La luz del sol progresa, poco a poco alcanza todos los rincones. La isla lo es cada día un poco menos a medida que va dejando sus secretos al descubierto. También la vida del viejo ha ido cobrando claridad. Sus episodios ya no están dispersos como los islotes de un archipiélago. Ahora tienen continuidad, conforman una trayectoria, al menos sobre el papel, sobre las decenas de folios que descansan en la sala apilados sobre la mesa de madera. Me siento exhausto, vacío, siempre enfermo, pero sereno, en paz. Un poco receloso ante la llegada de la primavera, como si temiera que el calor pudiera estropear, deshacer, unos acontecimientos moldeados en el frío y la humedad de las noches de invierno.
No quedan preguntas sin respuesta. Es un alivio pero ahora me doy también cuenta de que las echo de menos. Me había habituado a vivir con ellas. Mi mente vuelve a vagar distraída por el escenario del puerto: los pescadores de caña, los jubilados ingleses, los patos, el chapoteo de las barcas amarradas, el eco de una sierra de madera procedente de alguna obra, el cormorán, el color del cielo, las gaviotas, la superficie del mar. Me fundo una vez más en el entorno hasta que la llegada de los barcos pesqueros anuncia el momento de poner fin a las divagaciones, como el sonido de la campana en el patio de un colegio da por concluido el tiempo de recreo.
A pesar de que la primavera está próxima me parece que hace frío, aunque ya tampoco estoy seguro. La destemplanza es un parásito que se ha adherido a mi piel. No recuerdo lo que es sentir calor. Para mí sólo hay frío, o menos frío. Hace tiempo que el sol ejerce únicamente como elemento decorativo. Algo así debe suceder en Alaska, en Groenlandia, en los polos. Pero hasta eso me da igual. Me he propuesto esperar, aunque sea tiritando, la llegada de los barcos».
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Sergio Sánchez-Pando Serrano os lo agradeceremos.