
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
En los valles áridos de la costa andina, los humanos sobreviven sometidos por Amaru, señor de un imperio de seres antropomorfos que doblega pueblos y corrompe curacas. Para preparar una rebelión en secreto, los rebeldes organizan un torneo de chamanes en La Bandurria con el fin de reclutarlos e intentar igualar las fuerzas. Allí aparece Raymi, un guerrero imprevisible y descomunal, capaz de humillar a cualquier rival sin apenas esforzarse. Su llegada cambia el destino de la resistencia. Pero esta guerra no se decidirá solo con fuerza: entre profecías, viajes, aprendizaje y pérdidas, comenzará la formación de quienes deberán custodiar un obejto sagrado y preparar la llegada del elegido. Así empieza una saga de fantasía andina.
Sé de los primeros en descubrir una saga de fantasía andina.
Rafael Moy escribió Los chamanes del desierto a partir de una experiencia íntima y familiar: durante un tiempo compartió tardes de dibujo con sus hijos mellizos, hasta que uno de ellos encontró en la lectura una pasión propia. Con la idea de crear algo que los uniera, escribió esta historia como regalo de Navidad. El entusiasmo de su hijo lo animó a llevarla más lejos. Profesionalmente, ha desarrollado una larga trayectoria como director de arte, participando en la creación de más de 500 textos escolares y cerca de un centenar de novelas de Plan Lector para sellos como Alfaguara y Loqueleo. Ha trabajado en portadas, interiores, selección de imágenes e ilustraciones y también en procesos de edición. Su mirada combina sensibilidad visual, experiencia editorial y amor por las historias con capacidad de perdurar.
«Si te atraen las novelas de aventura con mundo propio, profecías, combates memorables y personajes llamados a cambiar la historia, este libro es para ti. Los chamanes del desierto nace de una pregunta que me acompañó durante mucho tiempo: ¿cómo sonaría una gran saga fantástica si brotara de los paisajes, culturas y símbolos del antiguo Perú? Bajo la trama de rebelión, magia y guerra hay también una historia sobre identidad, herencia, resistencia y futuro. Quise mezclar el vértigo de la fantasía épica con una raíz andina viva, llena de desierto, templos, animales totémicos y memoria. Esta primera parte abre una saga donde cada elección cuenta y donde lo sagrado, lo humano y lo salvaje están a punto de enfrentarse.»
«La primera en entrar fue Ch’aska, una chamana fusionada con un gato andino. Su cuerpo era ágil y musculoso, tatuado con figuras sagradas que, vistas desde lejos, recordaban las líneas del pelaje de su animal protector. Caminaba con precisión felina, sin perder el foco ni por un segundo.
Su contrincante, Raymi, era uno de los chamanes de mayor edad. Ya rondaba los cincuenta años y entró como si no tuviera ningún apuro en la vida. En una mano sostenía un cuenco de refrescante chicha, del cual bebía con tranquilidad. No portaba manta ritual ni instrumentos ceremoniales. Solo un collar de colmillos colgaba de su cuello, posiblemente garras de su animal totémico: un oso.
Mientras Ch’aska desplegaba con solemnidad su manto adornado con símbolos del gato andino, colocando con devoción su espada ritual —una hoja de oro cuyo mango representaba la cabeza de un felino—, Raymi conversaba alegremente con el público. Brindaba, reía, hacía gestos a conocidos. Ni siquiera miraba a su oponente.
Ch’aska encendió cortezas de árbol y dejó caer pequeñas ofrendas al fuego. Una luz ámbar empezó a envolverla: estaba lista. El juez observó que Raymi no había hecho ningún tipo de preparación espiritual y miró a Hatún. Este se limitó a encogerse de hombros con una mezcla de indiferencia y curiosidad. El juez, entonces, dio inicio al combate.
Ch’aska, ya envuelta en una intensa energía luminosa, danzó con precisión sagrada. Con un grito corto, invocó a su animal protector, proyectando en el aire un gato andino de energía dorada y tamaño descomunal que saltó directo hacia Raymi.
El chamán seguía distraído, brindando con los del público.
Justo antes del impacto, una luz blanca surgió desde su cuerpo, cubriéndolo como una piel mística. Por un instante, su figura se transformó: parecía un oso polar hecho de energía. Con un simple movimiento de su brazo, desbarató el ataque de su oponente como si fuera una brisa.
(…)
Entonces, Raymi la miró.
Y corrió hacia ella.
No había danza. No había gestos teatrales. Solo un cuerpo que avanzaba con fuerza brutal, su energía canalizada completamente en sí mismo.
Ch’aska retrocedió. Sus piernas temblaron.
Cuando Raymi estaba a punto de alcanzarla, ella se arrodilló en la arena, bajando la cabeza. Se rendía.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Rafael Moy os lo agradeceremos.