
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Tras pasar una infancia en el mar, en el barco pirata de su padre, Dominic Drake es testigo de cómo le tienden una emboscada y hunden el navío. Tras huir junto con su hermana Susanne del lugar e instalarse en la ciudad de Enisia, el muchacho descubre que el culpable de la muerte de su padre no es otro que el general Magnussen, el pérfido dictador que rige la ciudad desde el temor y la intimidación. Dominic entonces emprenderá un camino de venganza en el que encontrará un enemigo que le pondrá las cosas aún más difíciles: Víctor Taylor, también llamado “El Sayón”. El segundo al mando del ejército de Magnussen que obedece sus órdenes de manera brutal y despiadada. Pero Dominic no se rendirá y emprenderá un camino marcado por la sangre y el dolor. Su objetivo será vengarse del general a cualquier precio.
Me llamo J. Alberto Pascual Parra y nací en Madrid en 1984. Soy autor de literatura fantástica, un género que me permite explorar los límites de los territorios de la imaginación. Desde muy joven me sentí atraído por las grandes sagas de autores como Margaret Weis y Tracy Hickman, R.A. Salvatore, o J.R.R. Tolkien, cuyas obras marcaron mi forma de entender no sólo la narrativa, si no la vida misma. También han influido en mí escritores de corte más clásico, como Carlos Ruiz Zafón, cuyo estilo me ayudó a desarrollar una mirada más amplia y emocional hacia la ficción. Aficionado al rol y a los cómics, siempre he buscado crear historias que transmitan como yo me sentía al leer a aquellos autores que dieron voz a mi imaginación. Escribir no es solo una vocación, sino la forma en la que conecto con quienes comparten la pasión por lo extraordinario.
«El Dragón del Mar es un libro único, lleno de giros imprevistos y personajes profundamente humanos, de construcción compleja y contradicciones reconocibles. Bajo la aventura y la fantasía late una reflexión sobre el precio de la venganza y sobre aquello que uno está dispuesto a sacrificar para alcanzarla. La obra explora cómo el ego puede exigir un tributo demasiado alto para una recompensa que nunca resulta ser la esperada. Forjado durante más de una década a fuego lento en la imaginación del autor, este proyecto representa para él un sueño hecho realidad al llegar por fin a los lectores. Tras sus capas de violencia, épica y misterio se esconde una historia íntima y poderosa, cuyo desenlace sorprende y deja huella mucho después de cerrar el libro. Atrévete a subir a bordo y zarpar a destinos desconocidos.»
«La basura que se acumulaba por doquier en un ciclo sin fin que le revolvería las tripas a cualquiera. Los gritos y las bravatas, ensordecían los golpes de una pelea lejana de alguien que no había solucionado sus diferencias con gritos y bravatas. Dom tenía una idea que no estaba muy seguro de que fuera buena, aún así, no se le ocurría nada mejor, pero para ello debía hacerse oír. Se subió a la barra y tocó con todas sus fuerzas una campana de barco que allí colgaba. Cuando todas las miradas se posaron sobre él, comenzó a gritar.
—Soy el hijo del hombre que hay degollado ahí fuera, exijo conocer a su asesino y ladrón, pues me debe una satisfacción.
Dominic, a pesar de su seguridad al decirlo, no estaba en absoluto del significado de aquello de la satisfacción. Aunque él esperaba que fuera lo que creía. Sussane tiró de él y lo acercó a su cara.
—Pero, ¿qué haces, idiota? —le preguntó al oído
— Confía en mí, Sussane, yo cuidaré de ti —respondió el muchacho, le guiñó un ojo y volvió a ponerse de pie justo a tiempo para ver a un hombre tan grande como una casa acercarse.
—Yo he matado a tu padre, niño —escupió el tipo justo antes de esputar al suelo
—Bien, buen señor, le reto a un duelo, allí, junto al cadáver de mi padre.
El hombre se echó a reír y el coro de varios risas más hicieron eco en el bar y le siguieron. Y con un ademán que pretendía ser sarcástico, indicó al muchacho el camino hacia la puerta. Al pasar junto a él, Dominic, vio la bolsa de monedas colgando de su cinto.
Salieron a la calle y el tipo aún se reía del chico. Se puso de cuclillas y, secándose las lágrimas, le dijo:
—Chico, te doy una última oportunidad para que te vayas por donde has venido antes de que…
La amenaza se perdió en la noche entre los gorgoteos del hombre. El sable de Dominic le atravesaba la garganta de delante a atrás. El muchacho tenía una sonrisa pícara en el rostro. Se la había jugado a una carta y había ganado. El hombre cayó de rodillas sobre el asfalto y el niño le sujetó la cabeza.
—Entiendo tu estupefacción —dijo el muchacho— tú esperabas que un chico de mi edad fuera honesto, y te retara a un duelo justo. No esperabas que hiciera trampa, ni que fuera tan rápido con la espada. Y eso es justo lo que yo pretendía que tú pensases, gracias por ser tan predecible.— Dominic le arrancó la bolsa de oro y una daga del cinturón y se los puso en la cara —gracias por esta “satisfacción”, amigo. Descansa en paz.
El hombre acabó de desplomarse sobre un charco de su propia sangre y orín ajeno mientras Dominic enfundaba de nuevo su sable. Sus ojos pasearon desafiantes entre la multitud. La mayoría lo miraban con una mezcla de asombro y pavor. Su propia hermana, observaba sorprendida al niño, preguntándose en qué momento su hermano se había convertido en un ser tan inquino y, de algún modo retorcido, sagaz. A la vez, buscaba una respuesta a dónde había quedado su inocencia, y si, tal vez; esta se había hundido junto a su padre.
Dominic entró en la taberna seguido de su hermana y se acercó a la barra, pidió cena para ambos y una habitación con dos camas.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Alberto Pascual os lo agradeceremos.