
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Un objeto cotidiano descubre que está a punto de ser reemplazado. Antes de resignarse a quedar olvidado en un cajón, decide buscar un lugar donde las cosas puedan empezar de nuevo. Su plan cambia cuando un regalo rechazado en la fiesta de cumpleaños de Santiago se cruza en su camino. Juntos emprenderán una aventura que los llevará a escapar de la rutina, recordar momentos clave de sus vidas y enfrentarse al vértigo de decidir, por primera vez, su propio destino. Narrada con ironía y ternura desde una perspectiva única que se niega a ser inútil, esta historia combina nostalgia y sátira para recordarnos que los objetos no se pierden: simplemente deciden marcharse a tiempo antes de que el olvido gane la partida.
Salva Bojar (Julio, 1988) es un murciano del Bojar (Beniaján) que durante más de once años también fue londinense. Su trayectoria vital es tan variopinta como su escritura, habiendo desempeñado trabajos en escenarios tan diversos como el Palacio de Buckingham, las oficinas de Canary Wharf o la hostelería. Actualmente compagina su labor como preparador de exámenes de inglés con su pasión por las letras y los Estudios Ingleses por la UNED. Con Objetos Perdidos, el autor rescata el nombre de sus raíces para debutar en la narrativa con una voz que bebe tanto de su experiencia internacional como de su origen huertano. Aunque en su adolescencia tocó el bajo en un grupo, hoy vuelca su creatividad en la composición y en una escritura que no se rinde. Le encontrarás en la silla de la terraza de un bar con sus amigos y, si hay un perrito cerca, mejor.
«¿Alguna vez te has preguntado qué pensaría de ti ese objeto que llevas siempre encima si pudiera hablar? "Objetos Perdidos" es una invitación a mirar lo cotidiano con otros ojos. Es una historia para los que todavía guardan recuerdos en cajas de zapatos y para los que sienten que el pasado está mucho más cerca de lo que parece. Si te pierdes por las calles de tu ciudad y crees que la nostalgia necesita un punto de sátira para ser digerible, este libro te está esperando. Es una aventura sobre la identidad, sobre el valor de no rendirse a pesar del paso del tiempo y sobre cómo las cosas que "perdemos" son, a veces, las que mejor nos definen. Una lectura fresca para disfrutar en una terraza, viendo pasar la vida y redescubriendo el valor de lo que nos rodea.»
«Muestra de Lectura
Al día siguiente, tras la rutina mañanera, debías de seguir tan empachado que —quizá por el disgusto o quizá por tanto dulce— cambiaste los cereales por media tostada sin sal ni aceite. Era de esperar; no como la noticia con la que tu madre decidió inaugurar eldía. Después de todo, no habías recibido nada de su parte, se ve que la celebración en sí venía de serie y no contaba.
—Hoy no vas a ir al instituto —dijo tu madre sonriendo, con un tonito que pedía a gritos dar explicaciones.
—¿Y eso? Hoy no es fiesta, ¿no?
—Bueno, según se mire. Para ti sí, seguimos celebrando tu cumpleaños —continuó. — Mamá, no te entiendo. Explícate…
—Ya no volverán a meterse contigo por no ver bien. Tenemos cita en la óptica del centro comercial en una hora.
—¿En la óptica? Eso me faltaba. Como si no se riesen ya de mí por «cuatro ojos» …Para que me pongan otras más gruesas… —refunfuñaste.
Las posibilidades de que te cayese el ordenador se esfumaron a la vez que la sonrisa de tu madre crecía.
—No, no, no. Te vamos a regalar unas lentillas. Vas a ver igual de bien, pero ya te puedes ir despidiendo de esas gafas —reveló.
¡Pero menuda desfachatez! Te alegraste tanto… ¡Qué barbaridad! Dos gemelas de silicona no te harían parecer ni la mitad de intelectual que yo. En cualquier momento se mcaerían y te dejarían tirado hasta que pudieses conseguir un par nuevo. Además, serían carísimas e iban a necesitar de unos cuidados que tu torpeza jamás te permitiría asumir. ¡Vaya insulto de buena mañana! Ni un segundo tardaste en aceptar con gusto tal proposición y reducir los dos años que pasamos juntos a la nada. ¿Qué sería de mí ahora?
Yo, que nunca había odiado, acabé experimentando ese sentimiento tan despreciable hacia el sitio de donde mismamente provenía. Mis propias raíces, se podría decir. Solo porque tú no podías estar por encima de comentarios absurdos e insultos de patio de colegio. No hacen sino ridiculizar a quien los pronuncia y devolverlo al establo de burros de donde nunca debió haber salido. ¿De verdad? Si yo te aportaba estilo… ¿Por semejante tontería me ibas a dejar completamente de lado? Si lo de «gafotas» y «cuatro ojos» está ya muy manido; hay novelas y películas sobre eso, todas las que pidas…Mira, están las del niño mago, las del que vivía en Carabanchel…. Solo el hilo negro es más antiguo y original que ese insulto. Cómo hubiese querido poderte haber dicho esto entonces, pero en ese momento no sabía que era capaz de hacerlo.
Hice todo lo que supe por evitar montarme en el coche. Mientras te duchabas, me deslicé por detrás del armario del lavabo, el cual, según tu madre, daba un toque muy señorial. Sería por el contraste con la cenefa que imitaba al mármol travertino, no por los ácaros de polvo y nudos de pelo por todas partes. Tus manos eran, para mi desgracia, lo suficientemente delgadas. Con la ayuda de un peine, lograste sacarme sin dificultad. Después, intenté caerme innumerables veces, camuflarme entre la ropa, mimetizarme con el cepillo de dientes dentro de su vaso… Si nadie te insistía, lo mismo me daba un día o dos de margen… No hubo manera de librarme»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Salva Bojar os lo agradeceremos.