
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Oink es un libro de relatos. También es una novela. Mucho depende de cómo y cuándo se lea.
Un grupo de amigos lleva a casa a un inmigrante a cenar. Terminan comiéndoselo a la parrilla. El campeón mundial de ruleta rusa finalmente deja de serlo. Se descerraja un tiro en la frente. Una compra y venta de cónyuges ofrece esposas a precios muy asequibles; incluso dos por una. Un peatón ve a un grupo de indigentes bajo un puente y piensa que es un spa vacacional. Decide pasar sus vacaciones con ellos. Un grupo terrorista detona una bomba en el Mercadona; los clientes pasan sobre los cadáveres mutilados con dirección al jugo de naranja, el helado y las cajas. Las vísceras, la sangre y la muerte de inocentes no presentan problema alguno para ellos.
Oink es narrada en primera persona. Su narrador es un escritor. Un hombre escéptico, solitario y desencantado que sólo ve la luz a través de los ojos de su hija. Nos hemos convertido en monstruos poco a poco. La mejor manera de lidiar con este hecho es bajar las manos, tal vez mirar hacia otro lado, o quizás simplemente reír.
Paul Seaquist (Santiago, Chile). Ha publicado el libro de poesía Silencios (Editorial Universitaria, 1997), el volumen de cuentos Vuelo de rapiña (Random House, 2022) y OINK (Editorial Zuramérica, 2023). Su obra figura en la antología Después del 11 de septiembre (Ficticia, México, 2002) junto a otros autores del calibre de Poli Délano, Ramón Díaz Eterovic, y Hernán Rivera Letelier, siendo el autor más joven de la colección. Ha colaborado con diversos medios escritos en Alemania, Chile y EE.UU. Paul vive entre Berlín, La Habana y la soledad del campo extremeño.
«Acabo de matar a mi madre. La maté por puta. No fue difícil. Lo hice como se matan a los perros. Con los ojos abiertos y el pulso estable. A palos. Lo demás no se cuenta. Se calla. Así comienza OINK, un libro de relatos que nos presenta a un personaje principal a quien a rato entenderemos, odiaremos y en otras nos causará lástima.
Oink ¿es el reflejo de nuestra sociedad? ¿una crítica a ella? ¿o sólo el desvarío de una escritura polémica centrada en lo visceral y en lo políticamente incorrecto?»
«Puertas Adentro
Mi hijo murió un martes. Salí de la morgue luego de reconocerlo y me subí al auto. Decidimos ir a tomar un café.
—¿Quién hará el aseo ahora?-
Mi mujer no respondió. Pensé que no me había escuchado. Ordené un cortado y un sándwich de ave palta para mí. Ella creo que no pidió nada. Aunque no lo dijo, me parece que no tenía hambre.
En casa estaba todo desordenado. Las camas deshechas. La loza dentro del lavaplatos acumulando grasa. Una caja de pizza vacía sobre la mesa de centro. Latas de refresco. Migas. Habíamos tenido una semana dura.
En casa estamos acostumbrados a dividir nuestras labores. Mi hijo hace el aseo. Yo riego y saco la basura. Mi mujer cocina y lava los platos. Además de eso, los tres tenemos como obligación intentar amarnos sin condiciones. Generalmente lo logramos. A veces cuesta un poco más. En especial cuando uno de los tres se muere. No nos había pasado antes. Tampoco se nos había ocurrido.
Ahora las tareas, sí o sí, deberán reordenarse. Tal vez nos dividamos el aseo entre los que quedamos. No lo sé. Tampoco sé como nos amaremos sólo de a dos. Creo haber olvidado cómo hacerlo. Tal vez lo hagamos del mismo modo como haremos el aseo. Por partes. De a poco.
Mi mujer se toma dos ansiolíticos. Los toma con un trago de whisky. En la caja dice que eso no debe hacerse. Pero, ¿qué le puede pasar que ya no le haya sucedido?
Entro a la habitación de mi hijo. Abro la cortina. Curiosamente su cama está tendida. No hay ropa tirada por el piso ni revistas viejas ni calcetines. Evidentemente, hacía las dos partes de sus obligaciones bien. Ordenar y amar.
Pienso que lo voy a extrañar.
Decido tomarme un par de ansiolíticos yo también. También lo hago con un whisky. Luego con otro. A quién le importa lo que digan las cajas. Apuro un tercero.
Me acuesto sobre su cama. Huele a él.
Espero que el efecto de las drogas no demore. Que sea certero e implacable.
Antes de cerrar los ojos vuelvo a pensar que debemos reestructurarnos.
Intentar rearmarnos.
Tal vez por la noche cocine yo.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 y Paul Seaquist os lo agradeceremos.