
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
¿Serías capaz de sacrificar todo lo que eres por venganza?
Desde niña, Suzuë decidió que dedicaría su vida a buscar y matar al brujo del rayo, el hombre que provocó la muerte de su padre. Todos los pasos que da sirven para avanzar hacia ese objetivo, pero la venganza tiene un coste.
Tras destruir su antiguo hogar y traicionar a los suyos, la joven yuurei no tiene ningún lugar al que ir. Desesperada, viajará al reino de Koriel para buscar a Gadea, la única persona que podría redimirla ante los asesinos… o condenarla a muerte.
La secuela de Danza de acero continúa la historia de fantasía oscura que relata cómo Suzuë se enfrenta a la muerte, la soledad y la pérdida de la amistad más importante de su vida para dar sentido a su propio sacrificio.
Mars Carballo Losada nació en Madrid en 1999. A los cinco años redactó su primer cuento para un concurso literario del colegio y supo que quería dedicarse a escribir. Desde entonces, no ha parado de imaginar y crear historias. Ha publicado dos novelas: Colores en el viento (Editorial SM, finalista del Premio Gran Angular 2019) y Danza de acero, la primera parte de la bilogía Pétalos de sangre, una obra que aúna su amor por la literatura fantástica y su fascinación por la cultura japonesa antigua.
Como psicoterapeuta humanista, Mars se interesa por explorar cómo la historia, las relaciones interpersonales y el desarrollo de los personajes dan forma a sus emociones y mecanismos de defensa. Además de la psicología, se ha formado en diseño narrativo de videojuegos y da talleres de escritura creativa en colegios e institutos.
«Si te gustó Danza de acero, su segunda parte te atrapará. La bilogía Pétalos de sangre tiene el ritmo de una canción: empieza de manera suave, con algún pico de acción que enseguida desciende, y continúa creciendo hasta que culmina con la gran explosión final. Esta obra sigue con su estilo parecido al del manga y lo combina con un worldbuilding similar al de la fantasía épica.
Eco de relámpagos aúna todo lo que encontraste en su precuela y va más allá: ambientación japonesa antigua mezclada con la occidental del reino de Koriel, representación LGBTIQ+ con sus personajes queer, la fortaleza y la exploración de la vulnerabilidad oculta de su protagonista, mitología japonesa y reflexiones sobre los temas centrales de la obra: la venganza, la muerte, la soledad, las emociones, la amistad y el amor.»
«La aprendiza estaba llevando un cántaro lleno de agua hacia la cabaña cuando distinguió el humo negro. El lugar del que provenía se encontraba dentro de la ciudad de Aridzuka, de eso no cabía duda. Pero estaba algo alejado de la cabaña. Casi parecía…
Dejó el cántaro en el suelo y cerró los ojos. «Escucha el viento», solía decirle su maestro. Intentó calmar su corazón, que había empezado a latir con rapidez ante sus sospechas, y permitió que su mente se abstrajera del mundo terrenal.
El espíritu del viento era el favorito de Ito. Era cambiante y salvaje: en ocasiones se enfadaba y agitaba las copas de los árboles con fuerza, otros días estaba tranquilo y bailaba lentamente, como si fuera una geisha.
Al fin, pudo oír lo que el espíritu le decía. Aún le costaba escuchar aquellas «voces». Eran apenas un susurro, un murmullo tan bajo que dudaba de si tan solo se lo imaginaba. Nupuri, el chamán que la había acogido como aprendiza, solía decirle que su capacidad mejoraría si practicaba.
Abrió los ojos y corrió hacia la cabaña, dejando el cántaro de agua olvidado. Empujó la puerta con tanto ímpetu que esta golpeó la pared de troncos.
Nupuri dio un respingo y se levantó a toda prisa, enarbolando una barra de pan algo chamuscada. Bajó el brazo cuando vio a Ito.
—¡Niña! ¿Qué formas son esas? ¿Quieres que me dé un ataque al corazón?
Ella lo ignoró. Cogió su morral, en el que guardaba hierbas curativas, mientras hablaba:
—Hay fuego en la casa de té. Tengo que ir.
Nupuri la contempló. Su mirada era seria y madura, nada que ver con la de la chiquilla revoltosa a la que había conocido poco más de un año atrás.
A pesar de que le costara prestar atención y necesitara moverse durante las lecciones para no aburrirse, Ito era una joven inteligente y había absorbido las enseñanzas del chamán como si fuera una esponja. Tenía buenas habilidades: no todo el mundo era capaz de comunicarse con los espíritus y obtener sus favores. Con el tiempo, Ito había conseguido mantener a raya su enfermedad respiratoria y continuaba aprendiendo cosas nuevas cada día con el mismo entusiasmo que el primero. Aunque discutía con Nupuri en ocasiones, tenía buen corazón y lo ayudaba en todo lo posible.
Lo único que preocupaba al chamán era la insaciable curiosidad de la chica. Se interesaba demasiado por la faceta más peligrosa del mundo espiritual, preguntaba por los espíritus malignos y quería saber si algún chamán había acudido a ellos en el pasado. No parecía tener intenciones oscuras, pero a Nupuri no le gustaba que dispusiera de esa información. No podría hacer nada con ella si no la obtenía.
El chamán dejó la barra de pan junto al hogar apagado.
—Voy contigo. Necesitarás ayuda.
El camino hasta la casa de té era largo. Ito tuvo tiempo para pensar en sus compañeros, sus maestros, Okaasan… todo lo que había dejado atrás.
Antes de irse con Nupuri hacía ya más de un año, había visitado a su madre adoptiva para comunicarle su decisión. Okaasan, aunque con gran dolor, había comprendido la motivación de su aprendiza. Parecía conocer ya a Nupuri —lo que despertó la curiosidad de Ito—, por lo que no dudó de su capacidad para mantener la salud de la chica.
No había sido fácil para Ito dejar atrás el que había sido su hogar. Aún bailaba en ocasiones, oculta entre los árboles frondosos del bosque que se extendía tras la cabaña de Nupuri, y tarareaba las canciones que le habían enseñado. Seguía practicando sus lecciones de lucha, aunque las enseñanzas del chamán ocupaban gran parte de su tiempo.
En cualquier caso, estaba agradecida por la propuesta del chamán. Llevaba mucho tiempo sintiéndose débil, un lastre, escondiendo con vergüenza la enfermedad que atacaba sus pulmones. ¿Por qué podían los demás aprendices de geisha vivir sin preocupaciones, bailar todo lo que quisieran sin miedo a quedarse sin respiración? ¿Por qué le había tocado a ella? Le había costado mucho aceptar su condición.
Ahora, después de todo aquel tiempo educándose como chamana, se levantaba por las mañanas con energía. Sabía cómo actuar si tenía un ataque de tos, los espíritus estaban ahí para ayudarla y ella podía escucharlos. Tenía ganas de vivir otra vez.
Tenía ganas de volver a ver a Kichiro, su hermano pequeño. Nupuri le había dicho que pronto estaría preparada para partir.
La visión de la casa de té calcinada interrumpió de golpe sus pensamientos. Un puñado de soldados del imperio estaban ocupados apagando el incendio —que ya estaba prácticamente extinto— y sacando los cuerpos de los heridos de debajo de los escombros. Una figura arrodillada destacaba en aquella escena oscura y horrible: una bella geisha de piel pálida y cabello muy claro.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Mars Carballo Losada os lo agradeceremos.