
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 50 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Hay un camino que ha existido siempre, desde antes incluso de la aparición del hombre en el planeta. Y este camino es poderoso. Puede conceder deseos. Pero también es un camino arriesgado, porque puede entrar en la mente del caminante. Y si no le gusta su actitud, extravía al incauto sin remedio. Se puede convertir en una bendición o en un castigo, según el uso que se haga de él.
Porque el camino está vivo. Y es muy inteligente. Por desgracia, es difícil distinguirlo de los demás caminos. Se requiere una vista aguda.
No obstante, si eres valiente, este libro es tu ayuda para hallarlo.
Rafael David Fuentes Maestre nació en 1979 en Cáceres. Desde niño, bebió la vida como se bebe un vaso de agua fría en verano. Escuchando el silencio, fantaseando y disfrutando de las pequeñas cosas.
A su sinestesia, se le unió una inclinación natural por la espiritualidad.
En la escuela aprendió que se le daba bien el dibujo. Luego desarrolló un profundo amor por la música, en especial por la de Johann Sebastián Bach. Así pues, soñó, durante mucho tiempo, con ser compositor.
Ya se empezaba a notar una insatisfacción en él, que le condujo a estudiar carreras tan dispares como Humanidades y Educación Social (en la UEX y en la UNED respectivamente). Pero sus inquietudes también le impulsaron a la búsqueda autodidacta de la sabiduría, deteniéndose en el estudio de los filósofos Nietzsche y Schopenhauer.
Rafa, para los amigos, conoce a fondo el budismo, y es experto en la psicología de Freud. Ha sufrido, como todos, el desamor, el desempleo y el aburrimiento. Y después de haber sido mormón, evangelista, católico protestante y hasta testigo de Jehová por un día, descree de todos estos supuestos caminos para encontrar a Dios.
Lo que ha aprendido intenta transmitirlo con su talento como escritor. La pasión le mueve. Pero lo que caracteriza su obra es la imaginación, pues mezcla de modo muy original fantasía y humor. Sus cuentos, a veces políticamente incorrectos, reflejan todas las facetas de la naturaleza humana, y su complejidad.
«Hay varias acepciones de la palabra camino. Ateniéndonos a su sentido literal, un camino puede ser el lugar por donde se transita, o puede ser una vía que se construye exprofeso para transitar; o puede ser la dirección que ha de seguirse para llegar a un sitio. Por supuesto, camino también puede ser interpretado en su significación moral, como una forma de conducta. Y por último, un camino puede ser también un viaje.
Te invito a un viaje hacia lo esencial. Un viaje de autodescubrimiento. Un viaje de conocimiento.
Si llegas a la meta, eso indicará que piensas por ti mismo, y que has comprendido que esta vida es estar de paso. La verdad está oculta en tu interior. Pero también hay un destino, que cumplirá lo que en el fondo anhelas…».
«Aún era de noche. Y a pesar de ello, cuando fui acercándome a la ciudad, distinguí a un hombre. En la distancia lo confundí con un vagabundo. Permanecía solo, junto a la calzada, en una actitud de aguardar a alguien. Después de tanto viajar, mi cabeza no podía ordenar con facilidad sus pensamientos. Así pues, no le di en ese momento ninguna importancia al hecho singular de que hubiera ahí un desconocido, plantado y sin hacer nada. Y ni siquiera me extrañó que, al verme, saliera enseguida a mi encuentro.
No había mucho tráfico, y yo caminaba por el arcén, cuando aquel tipo vino por un camino que corría paralelo a la autopista. Era un camino de tierra, abierto entre la maleza del campo.
Cuando ya no quedaba ninguna duda de que el tipo venía hacia mí, detuve el paso y estuve a la expectativa. Como he dicho, el cansancio me impedía sentir miedo. Así que no me alarmó que me tendiera una mano, ni tampoco la familiaridad con la que se dirigió a mí.
—¡Hola! —exclamó. Por fin ha llegado. Dese prisa. ¡Pronto se hará de día!
Desconcertado, le pregunté quién era. Pero no contestó. Me hizo señas para que le siguiera y, aunque sea insólito, le obedecí. Salté por encima del guardarraíl y pasé a su lado. Mientras le pisaba los talones, le daba vueltas a mi impulso. Justo después de reanudar la marcha, ya me regañaba por mi falta de precaución. Y no contento con eso, me culpabilizaba, trayendo a la memoria imágenes que me advertían del peligro, siempre posible.
Ascendimos por el camino hasta llegar a la cima de una loma. Allí, al mirar de frente a mi acompañante, supe que no era un bandido, un asesino, ni la chica de la curva. Él, haciendo un gesto amplio con un brazo, abarcó las vistas que teníamos delante, pues desde donde nos hallábamos se divisaba la ciudad. Entonces preguntó si me iba a quedar allí.
No supe qué contestarle. La ciudad era una de tantas, y no parecía tener nada diferente de las que había visitado.
—No creo que encuentre aquí lo que busco —dije al fin.
—¿Y qué es lo que buscas? —interpeló aquel tipo».
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Rafael David Fuentes Maestre os lo agradeceremos.