
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Nada de lo que ocurrió en San Juan del Río Lónar durante los años que trascurrieron entre los últimos del siglo XIX y los años cincuenta del XX, trascendió más allá del propio pueblo.
En San Juan no tenían memoria, ni siquiera era necesario llegar a una edad avanzada para que vivieran en la desmemoria absoluta del pasado reciente, incluso en los olvidos de su presente. Solo por lo que supieron de ello en el resto del concejo y por lo que dejaron dicho algunos viejos, sin que exista la completa seguridad de que realmente fuese así como ocurrió todo o solo fruto de su facilidad para inventar recuerdos a falta de memoria propia, se puede construir el relato de la historia de San Juan.
San Juan tenía sus propios conflictos, sin que las del resto del país cruzasen las fronteras naturales establecidas por el monte de Zanagre y el Río Lónar. La historia de San Juan del Rió Lónar durante aquellos años, vista con la perspectiva del tiempo y reconstruida según lo que se sabe, es en cierto modo un disparate, como la vida misma.
José Antonio Ventoso Díaz, nacido en Avilés, Principado de Asturias, el 31 de octubre de 1966. Cursó estudios en el C. N. La Luz, hoy llamado “Poeta Juan Ochoa” y en el antigüo Instituto Politécnico Nacional de Avilés. Es pensionista por minusvalía física, después de haber desempeñado su vida laboral en diferentes sectores, siendo el último el de tele marketing. Escritor aficionado y autodidacta, lector desde muy temprana edad y amante de la literatura, desde que descubrió a Gabriel García Márquez.
En 2020 publica su primera novela Cuando vuelvas a Goianes. En 2021 publica Cuando cayó el satélite, ambas novelas publicadas por Editorial Atlantis. En 2024 publicó La piedra de la ermita en Editorial Metamorfosis.
«En ocasiones, leemos u oímos historias que nos suenan lejanas, que transcurren en un tiempo lejano, muy anterior a nosotros. Esta historia comienza a finales del siglo XIX y transcurre principalmente en la primera mitad del XX — un tiempo muy lejano—. Sin embargo, adentrándose en ella, esta historia no queda tan lejos. Una y otra vez chocamos contra la misma pared, contra la que un día lejano ya chocaron otros, donde un día chocaron los de San Juan del Río Lónar, y volvieron a chocar otro día y otras muchas veces, sin recordar en cada una de esas ocasiones que contra esa pared ya se la habían pegado. Esta historia ocurrió hace mucho, pero pudo haber ocurrido antes de ayer.»
«El viejo Cosme era tan mayor como para haber vivido los primeros tiempos Anicetos, pero también lo era como para haber perdido la memoria hacía ya unos cuantos años. La recuperaba a medias, casi siempre después de una siesta sentada y casi siempre rodeado de gente, que generalmente pertenecía a la familia.
Cosme contaba historias y aseguraba que cuanto él decía había ocurrido, tal cual lo contaba, pero daba versiones diferentes de un mismo asunto: cambiaba de manera significativa una historia contada un día y la misma contada unas semanas después. Podía mezclar una historia con otra, confundía fechas y confundía las cosas de las que había sido testigo y las que solo conocía de oídas, de tal manera que podía asegurar haber sobrevivido a la galerna de Laredo, hacía más de cien años, en lo que parecía una clara confusión entre la vida propia y otras vidas contadas.
Pero si había que darle credibilidad a algo de lo que el desmemoriado anciano había dicho, en alguno de esos momentos de memoria más o menos despejada, y en una de esas ocasiones en que contó algo de aquellos tiempos en el secreto familiar de dos hijos, de catorce nietos, dos o tres gallinas y un perro con peor memoria incluso que la del anciano, la historia de la llegada del primer Aniceto podía resumirse en una entrada a saco, como Pedro por su casa, como un elefante en una cacharrería, haciendo y deshaciendo a su antojo, convirtiéndose él en el guardia, convirtiendo a quien creyó más tonto de entre los tontos comunes en alcalde, convirtiendo en juez al que creyó más manejable y si no nombró al cura fue porque eso correspondía a más altas instancias y porque para el puesto de cura no había más heredero que uno.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 y José Antonio Ventoso Díaz os lo agradeceremos.