
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
La tranquilidad de Cala Salina se rompe cuando un hombre, miembro de una de las familias más conocidas del pueblo, aparece asesinado. El sargento Faraco será el encargado de investigar un crimen que pronto revelará viejas rivalidades, secretos familiares e intereses ocultos en un lugar donde todos se conocen, pero cada familia protege los suyos. A medida que la investigación avanza, las sospechas se multiplican y el silencio de quienes más saben se convierte en el mayor obstáculo para descubrir la verdad. En Cala Salina nada es lo que parece y cualquier vecino puede ocultar un motivo. Una novela negra ambientada en la costa mediterránea del 1958 donde el pasado, la ambición y el silencio marcarán para siempre el destino de Cala Salina.
Juan Francisco García Cepero es licenciado en Sociología y creció en Benidorm, donde fue testigo de la transformación de un pequeño pueblo marinero en un referente turístico del Mediterráneo. Esa evolución despertó en él el deseo de conservar, a través de la ficción, la memoria de una forma de vida que estaba desapareciendo. De esa inquietud nace La herencia de la sal, primera novela ambientada en la ficticia Cala Salina, un lugar donde el crimen, los secretos familiares y la evolución de una comunidad se entrelazan a lo largo de las décadas. Además de la escritura, cultiva la pintura como otra forma de expresión artística. Con un estilo cuidado y una especial atención a la ambientación y a la construcción de los personajes, invita al lector a descubrir historias donde nada es exactamente lo que parece.
«Si buscas una novela negra donde el misterio sea solo el comienzo, La herencia de la sal es para ti. En sus páginas encontrarás personajes con luces y sombras, secretos familiares, una investigación que avanza entre silencios y un pueblo donde todos se conocen, pero nadie lo cuenta todo. Cala Salina no es solo el escenario de un crimen; es un lugar que cambia con el paso del tiempo y donde cada decisión deja huella. Si disfrutas de las historias que te atrapan poco a poco y de los personajes que permanecen contigo después de cerrar el libro, te invito a descubrir el primer viaje a Cala Salina.»
«El verdadero trabajo, el trabajo sucio, el que dejaba un sabor a ceniza en la boca y un peso en el alma, acababa de empezar.
Llegaron junto al Land Rover Santana, que esperaba en el patio, inmóvil bajo el sol, su pintura verde oscura absorbiendo el calor hasta volverse casi intocable. El cabo Ramírez abrió la puerta del copiloto y depositó el pesado maletín de investigación en el asiento con un cuidado casi reverencial, como si contuviera objetos sagrados. Faraco, mientras tanto, se detuvo un instante antes de subir al vehículo. Se apoyó en el capó caliente y encendió otro cigarrillo, una última concesión a la calma antes de sumergirse en la tormenta.
El humo que inhaló era áspero, pero le ayudó a centrar sus pensamientos. Miró a su alrededor, al pequeño universo que era su cuartel. Vio la ropa tendida de la mujer de Ramírez, las sábanas blancas ondeando suavemente en la brisa caliente, un símbolo de una normalidad doméstica que parecía pertenecer a otro mundo. Vio las paredes encaladas, la bandera de España colgando lánguidamente del mástil. Todo seguía en su sitio, inalterado, pero él sabía que algo fundamental se había roto.
Un asesinato en Cala Salina.
No era el primero de su carrera. Había visto muertes violentas antes. Una reyerta a navajazos entre marineros borrachos en el puerto, una disputa por una herencia que acabó con un disparo de escopeta en el monte… crímenes brutales, sí, pero de alguna manera sencillos, casi primitivos. Eran el resultado de pasiones elementales: el alcohol, el dinero, el orgullo herido. Se resolvían con un par de interrogatorios y una confesión balbuceada entre lágrimas de arrepentimiento.
Pero esto… esto se sentía diferente. La muerte de Ricardo Beltrán no era una simple navajada en una noche de borrachera. Estaba ligada a los cambios que estaban transformando el pueblo, al dinero nuevo, a los extranjeros, a las tierras que de repente valían una fortuna. Estaba ligada a la envidia, a la soberbia, a la avaricia. A todos esos viejos pecados que el olor del dinero fácil estaba haciendo aflorar, como los gusanos después de la lluvia. Era el primer pecado capital de una nueva era. Y él, el sargento Faraco, tenía la sensación de que no sería el último.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito 93 y Juan Francisco García Cepero os lo agradeceremos.