
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Año 2038. Un virus se extiende imparable por la humanidad. Eva es una de las contagiadas, lo prueba su piel azul. Sobrevive como puede, vendiendo droga a quienes no quieren dormir. Todo cambia cuando encuentra a su amigo Julio asesinado en su casa. Por miedo a que la culpen, acude a su jefa, Zeta, pero su ayuda no es gratis: a cambio, Eva debe introducir en el mercado una nueva droga, mucho más potente que cualquier otra: el R17. Eva no tarda en descubrir que es una misión suicida y que, si quiere sobrevivir, su única salida es ponerse en manos de una desconocida, Alzena, y de una red clandestina de mujeres dispuestas a arriesgar sus propias vidas para salvar la suya. Ellas tienen la clave para comprender quién está tras la muerte de Julio y qué tiene que ver su asesinato con el R17.
Mertxe Cañeque nació en Madrid, en 1983. Estudió Filología Inglesa e Imagen, y también varias cosas más, porque muy pronto aprendió de sus padres que el mundo es inmenso, complejo y está lleno de recovecos interesantes. Ha trabajado en ámbitos muy diversos, casi siempre sin darse cuenta de que iba detrás de sus propios pasos, hasta que por fin recordó que, en realidad, ella siempre había sido escritora. Ahora forma parte de la comunidad de Escritoras Peligrosas de Gloria Fortún, imparte talleres de escritura creativa para aquellas personas que también quieren descubrir su voz y comparte despacho e historias con su perro, Mapache. Algunos días, cuando siente que necesita pedirse perdón por el tiempo que tardó en dar consigo misma, se repite aquello que decía de sí Muriel Spark: quería ser escritora, pero primero tenía que vivir.
«La piel azul es un thriller que narra la historia de una mujer durante una pandemia. Contada desde el punto de vista de una persona contagiada, con perspectiva cuir, haciendo uso del femenino plural universal y a través de personajes no normativos, la narración utiliza la enfermedad como el vehículo para poner en evidencia lo absurdo del odio al diferente. La novela trata temas que son constantes en la historia de la humanidad: el miedo, el amor, la otredad, la sororidad, el deseo. Temas que siempre han interesado y que ahora más que nunca están en primera línea de actualidad, gracias a la creciente preocupación por la salud mental y, sobre todo, a la lucha del feminismo interseccional contra los mismos viejos odios que aún amenazan a todas aquellas personas que habitamos en los márgenes.»
«Después de colgar me quedé un instante con el teléfono en la mano. Aquello no tenía ningún sentido. Que Julio fuera de pronto tan misterioso ya era extraño de por sí y que diera mi número a sus conocidas sin preguntarme antes también era una novedad, pero esas instrucciones detectivescas eran el colmo del absurdo. Le llamé de nuevo. Sin señal. Apuré el café, me vestí y salí de casa con las llaves de la suya en el bolsillo y mi amiga la ansiedad mordiéndome otra vez en el estómago.
Julio vivía en un ático excepcional de la calle Serrano, tan céntrico que desde la ventana de su cocina se podía ver la Puerta de Alcalá. Lo heredó de su bisabuelo materno, un falangista de alto copete que supo jugar muy bien sus cartas durante la dictadura. Julio se avergonzaba profundamente de la existencia de aquel antepasado, pero no la encubría, es más, solía decir que algunos trapos sucios había que airearlos y que las heridas que se mantienen tapadas terminan por pudrirse. Por ese motivo, como parte de su proceso de sanación generacional, se dedicó a decorar la casa como él pensaba que más podría desquiciar al bisabuelo falangista, por si acaso su fantasma se hubiera quedado atrapado allí. Tenía piezas de arte subversivo, una enorme lámpara de neón con forma de triángulo rosa y un maniquí sisado, de nombre Juliana, que siempre vestía la ropa y la peluca que usó él una vez, hace muchos años, en una fiesta travesti. Coronaba la cabeza de Juliana la gorra de plato del uniforme del presunto fantasma con una tiara de plástico encajada con habilidad entre la banda y la visera. Todo lo que entraba en aquella casa tenía que pasar el filtro de poder joder al bisabuelo, porque si no, decía Julio, no sumaba puntos a su karma.
El portero me conocía y me dejó entrar en la finca sin problema, seguro que más por miedo a la bronca de Julio si me ponía obstáculos que por amabilidad personal, aunque me indicó con la mirada que debía usar la escalera de servicio. Si Julio hubiera venido conmigo jamás se habría atrevido a hacer semejante gesto.
Subí los seis pisos casi corriendo, en parte para no encontrarme con ninguna vecina y en parte porque empezaba a estar asustada, ya que en el trayecto a su casa había vuelto a intentar contactar con él y no había obtenido ninguna respuesta. Por fin, sin aliento, llegué ante su puerta, que era la única de la planta, y al intentar meter la llave en la cerradura, la puerta se abrió. Algo me golpeó en la frente y todo se quedó a oscuras.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Mertxe Cañeque os lo agradeceremos.