
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Desde los días de la antigua Babilonia, una rara estirpe de niños ha nacido con un misterioso segundo corazón visible en su pecho. Al separarse y unirse a una gema tallada, este órgano da vida a un Animal Espiritual; una poderosa criatura cuya única vulnerabilidad es la gema pulida incrustada en su propio centro.
En siglos posteriores, nace Namir. Con su piel nívea, cabello albino y ojos de hielo, su singularidad es innegable, pero también es la portadora de un destino mucho mayor.
Azahara Sotomayor. Una infancia marcada por el divorcio de sus padres y un vacío de recuerdos. A los doce años, la fantasía le abrió una puerta: «Si ellos escriben, ¿por qué yo no?». La adolescencia fue soledad y aislamiento. A los diecisiete, un intento de suicidio la llevó al hospital; el diagnóstico de depresión partió su vida en dos. Sin estudios superiores, solo con la ESO, convirtiendo los tatuajes en silencio y la escritura en su única terapia. Autodidacta, rechazó a un profesor que no le enseñaba nada nuevo.
«La idea de este libro se me ocurrió porque quería escribir algo relacionado con dragones, y así lo hice. Sin embargo, reescribí por completo el primer borrador, y decidí cambiar el dragón por otro animal, ya que me di cuenta de que los dragones ya estaban muy usados, pero este animal no tanto, y menos aún la versión proporcional que usé.
Mi mejor amigo, Silver, fue quien me ayudó a estructurar por completo la idea del libro, y quien me ha apoyado desde el primer día para seguir escribiendo.
El título nace del cambio constante que Namir va sufriendo a lo largo de la historia. Quería que el libro refleje hasta dónde puede llegar la gente con la discriminación hacia los que son diferentes, los que no encajan con el estereotipo de "normalidad" que la sociedad nos impone desde el nacimiento.»
«Todo se sentía extraño y estaba oscuro cuando al fin pudo abrir los ojos en el mundo real.
Aquel sueño todavía se reproducía en su memoria como un bucle demasiado vívido, al igual que aquella frase dicha por una voz que desconocía.
Fue distraída cuando, al lograr abrir lo suficiente los ojos, se dio cuenta de que tenía un tubo metido en la boca, pudiendo notar que le bajaba por lo que creía que era la garganta, pero que no le dejaba hablar.
Su mirada, cansada a pesar de recién haber despertado, vagó ligeramente por la habitación oscura donde estaba, evitando mover la cabeza para no dañarse con el tubo.
No podía ver nada más allá de la punta de su nariz, y su cuerpo estaba tan agotado que no podía ni levantar un dedo.
Al darse cuenta de esto último es cuando pudo notar que, en su mano izquierda, había un peso extraño que no relacionaba con Rhory, a quien podía sentir durmiendo hecho un ovillo contra su costado derecho.
No, este peso era diferente. Sus dedos estaban entrelazados con los de una mano más grande y cálida, sin poder bajar la cabeza para saber quién era por la posición en la que estaba; boca arriba y totalmente tumbada en la cama mirando al techo.
—Cachorra —el repentino llamado de una voz femenina la hizo parpadear, moviendo un poco la cabeza en la dirección de la voz, solo para encontrarse con una sombra grande y felina. —No intentes hablar, te harás daño —su tono era bajo, suave y lento, como si estuviera hablando con un animal asustado, lo cual era una comparación razonable dados los hechos ocurridos hasta ahora. —Me llamo Lyra. Soy la gemela de tu compañera de habitación. Estás en el hospital —explicando con paciencia maternal. —Te voy a hacer unas preguntas. Parpadea una vez si es que sí, parpadea dos veces si es que no. ¿Lo comprendes? —como respuesta, Namir parpadeó una vez con lentitud. —Vale. ¿Recuerdas qué te ha pasado? —ante la pregunta, intentaba hacer memoria, recordar lo que le había ocurrido para acabar en el hospital, pero al final tuvo que parpadear dos veces. —Entiendo. ¿Recuerdas quién eres? —esa pregunta le había resultado fácil, esta vez haciendo solo un parpadeo. —Muy bien. Lo estás haciendo genial —el elogio de Lyra hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas, las gotas de agua salada bajando por sus pómulos en un sepulcral silencio, aunque su pecho había comenzado a subir y bajar más rápido, el ventilador que le proporcionaba el oxígeno trabajando el doble para poder igualar el ritmo de la respiración natural de la niña. —Puedes llorar, cachorra —murmurando con dulzura, lo que solo empeoró el llanto silencioso de Namir, quien cerró los ojos y se permitió llorar lo que no había llorado en su corta vida.
Lyra, todavía presente y pudiendo presenciar lo que ocurría por su visión nocturna, se había quedado exactamente donde estaba, alzada sobre sus patas traseras, con las patas delanteras apoyadas en la cama de Namir, moviendo la cabeza hasta acariciar con su nariz la pálida mejilla de la niña, dejando que esta se desahogara.
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No supo en qué momento exacto se había vuelto a dormir. Solo sabía que, al volver a abrir los ojos, ya no tenía aquel tubo en la boca, en su lugar teniendo algo extraño en su nariz que le hacía pequeñas cosquillas, pero que también lograba que, al inhalar hondo, pudiera sentir su mente despejada.
—¡Namir! —cerrando los ojos ante el repentino grito, su audición todavía sensible por haber despertado hace poco. —Lo siento, no quise lastimarte —esta vez el tono empleado era más suave, lo que le había permitido abrir los ojos y comprobar quién le hablaba.
—Guren —sonriendo al ver al chico, su brazo derecho abrazando a Rhory contra su costado, quien todavía estaba dormido a pesar de que ella ya estaba despierta.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Azahara Sotomayor os lo agradeceremos.