
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
En plena guerra fría, unos rusos desertores a bordo de un submarino quedan atrapados en una base secreta abandonada bajo el océano frente a las costas americanas. El grupo tiene sentimientos de culpabilidad, abandono y dudas sobre si sus actos han sido los correctos. Pero el peor de los temores es el de saber que no pueden regresar jamás a sus anteriores vidas. Werner, como antiguo capitán, luchará contra sus debilidades, contra la moral de sus compañeros y por encontrar una salida. El miedo a lo desconocido se apoderará de todos ellos al descubrir que en el interior de la base se esconde algo inexplicable que les afectará de forma irracional. Todos se enfrentarán a un viaje hacia sus propias profundidades.
Desde siempre me ha gustado escribir y sumergirme en historias imposibles con esa necesidad imperiosa de descubrir nuevos mundos, viajar a los lugares más recónditos y crear personajes atrapados en situaciones desesperadas. Un drama en un entorno hostil como motor para desarrollar historias. También estudio y escribo sobre temas históricos, con especial atención a la historia y cultura japonesa. Disfruto tanto el cómic como la prosa.
Algunos de mis cómics son: Numancia, hijos de las cenizas (Panini), Covadonga y Entre la fe y la Katana (Cascaborra) sobre españoles que vivieron en el Japón medieval. El policiaco La última Pieza (Cartem) y los de ciencia ficción Los Hijos de Jápeto y Umbriel (Tengu).
Y en literatura: el relato No se puede ir a la guerra de oyente y la antología Entre la nada y la incertidumbre con 13 relatos fantásticos.
«Me gusta aquel tipo de terror psicológico que juega con la mente de los personajes en los que estos llegan a ser sus propios enemigos. Asimismo, como escritor, mi máxima motivación es el drama, por lo que mis personajes deben enfrentarse siempre a situaciones que los superan internamente. De ahí que esta historia no contenga aventuras o acción sino más bien el temor a enfrentarse a uno mismo, pues el peso de la culpa vuelve loco a cualquiera.
Disfruto con protagonistas pasivos, con escenarios cerrados y eventos imposibles de clasificar. Lo desconocido siempre es el peor de los temores. Todo esto se me mezcló con la idea de una base submarina, un agujero hacia la nada y mucho nerviosismo de gente atrapada. Espero que disfrutes de este viaje tanto como yo escribiéndolo.»
«—¿Has visto eso? —dijo Joseph inquieto.
—¿El qué?
—Me ha parecido ver a alguien.
Korisnev mantuvo el silencio poniendo su oreja izquierda en dirección a donde le señalaba Joseph para captar cualquier sonido por si eran sus ojos los que le fallaban.
—Yo no oigo nada —dijo con la calma que le caracterizaba, pues era difícil que entrara en pánico. No era un hombre que expresara muchos sentimientos y tampoco era impresionable.
—Te juro que ha pasado algo tras esa puerta —dijo Joseph señalando con la linterna al lugar.
—Habrá sido tu propia luz que ha generado una sombra.
—No. Aquí hay alguien. Lo he visto.
Ante su insistencia y que existían remotas posibilidades de que así fuera, se asomaron con temor. «Que no hayamos visto a nadie todavía no significa que esté abandonado» resonaba continuamente en sus cabezas. Puede que haber mandado a los más jóvenes juntos haya sido una mala idea, ya que la inexperiencia puede jugar malas pasadas. La puerta estaba oxidada y no se podía desplazar del lugar ya que estaba encallada dejando un hueco para pasar. Al sortearla vieron otro enorme pasillo, tan grande que podía circular incluso un vehículo en su interior. No tenía fin y las paredes eran de hormigón como el resto repletas de filtraciones y alguna que otra grieta. Por mucho que alumbraran no se vislumbraba el final ya que aquel corredor no tenía luces de emergencia que lo iluminara.
—¿Qué hacemos? ¿Seguimos? —preguntó Korisnev para confirmar en alto si el joven Joseph estaba seguro de lo que decía.
—Aquí hay alguien, puedo sentirlo —que Joseph repitiera aquello aumentaba las opciones de que así fuera.
Un leve sonido agudo seguido de un golpe recorrió la estancia a toda velocidad. Daba la sensación que una puerta en la más absoluta lejanía se hubiera cerrado de golpe provocando un trueno.
—Me estoy asustando —decía sin darse cuenta Joseph mientras cada vez hablaba más flojo.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Raúl Balen os lo agradeceremos.