
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Keira regresa al laberintico Pasaia Donibane, con la memoria hecha añicos y la obsesión por dos niños desaparecidos. Su pasado, un rompecabezas de sombras y silencios, la une a una realidad oscura que el pueblo se empeña en enterrar.
Su llegada agita las aguas quietas, desatando un peligroso baile entre una asesina, un joven que convive con graves problemas de abandono y un hombre enigmático llamado Ryan. Él teje los hilos de un juego siniestro donde la memoria es un arma y la verdad, una jaula.
¿Logrará Keira desenterrar los fantasmas de Pasaia antes de que Ryan la convierta en uno más?
Xandra Bilbao. Escritora barakaldesa apasionada por la mitología vasca y las asesinas en serie. En 2020 inició su trayectoria como escritora con El pacto de los Jentiles, un universo que continuó con La sentencia del cuervo (2024) —novela finalista del Premio Euskadi de Literatura 2025— y expandió con El resurgir de las sorginak (2025). Su versatilidad abarca la saga infantil Txikiyendas (2022), el terror juvenil No dormirás (2023) y su reciente colaboración con la Diputación de Bizkaia en el certamen infantil Bizkaidatz Txikia (2026). Reconocida en Barakaldo Hitza (2024), ha consolidado su peso en el género negro a través de su gira «Hablando en Truculento» y en citas clave como Bruma Negra y Udaberri Beltza (2026).
«¿Se puede confiar en la mente cuando los recuerdos están fragmentados?
La memoria de los sueños rotos te sumerge en una experiencia literaria única: un thriller psicológico adictivo ambientado en la atmósfera opresiva de Pasaia Donibane, un pueblo que devora secretos a plena vista.
A través de una estructura original que entrelaza distintas voces y transcripciones terapéuticas, te convertirás en una pieza clave para armar un peligroso puzle narrativo.
Con giros inesperados y personajes de una profunda complejidad psicológica, esta novela desafía las expectativas en cada página y te arrastra hacia una verdad oculta sobre la identidad, el trauma y la manipulación. Una lectura magnética y emocional que dejará en ti una huella imborrable.
¿Te atreves a entrar?»
«Estaba en el coche conduciendo todo lo rápido que podía, pero cada vez había más gente en la carretera, era de madrugada y aun así había más tráfico que nunca, aunque me daba igual, debía alcanzarlos.
De repente, los coches se paralizaron por completo y no podía avanzar, así que me bajé del coche y comencé a correr por el arcén. En la oscuridad nadie se fijaba en mí, al menos, no hasta que pasaba por al lado de sus ventanillas. Al llegar a una zona con setos altos oí unas voces, aunque no conseguía entender qué decían. Paré en seco y me adentré entre la maleza, pero lo que vi no tenía nada que ver con lo que estaba buscando, pues un grupo de jóvenes desnudos estaban en plena orgía protegidos por los matorrales disfrutando de sus cuerpos, gritando su placer a la brisa nocturna, ciegos a su alrededor y, sobre todo, a mi presencia.
Aturdida y confusa por lo que acababa de ver, volví al arcén y continué mi búsqueda, hasta que las luces de dos coches de policía me deslumbraron y me hicieron temer lo peor.
El tono de llamada del móvil me arrancó del sueño de golpe, impidiendo descubrir, o más bien recordar, qué es lo que me encontré al llegar al final y, sobre todo, qué es lo que les pasó a Víctor y a Hugo.
Odio cuando me pasa eso; estar a punto de saber algo y que se me escape entre los dedos, pero los sueños y, en mi caso, los recuerdos, no son algo que pueda controlar. Solo podía aceptarlo y pasar la mañana con ese estado de ánimo que no me hacía la persona más agradable del mundo.
—¡Dime! —solté casi como si escupiese sin mirar si quiera la pantalla, sin esperar a oír la voz de Hegoi.
—Joder, te has levantado simpática hoy, si lo sé no vengo a tu pueblo —contestó desde el otro lado con un tono burlón—. Solo quería saber si pasabas por casa a desayunar o tenías algo que hacer.
—Perdona, he tenido un sueño raro y no he dormido bien. ¿Te importa si quedamos en el bar de la plaza? Te mando ubicación en cuanto esté abajo.
—No me hace falta, sé dónde está de sobra —¿Ya había llegado? ¿Conocía el pueblo? ¿Cuánto tiempo había dormido?»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Xandra Bilbao os lo agradeceremos.