
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Valdeluna, un pueblo del norte golpeado por la lluvia, vive atenazado por el miedo tras una serie de asesinatos brutales. Mientras la policía busca al culpable, la tensión se instala en sus calles y en las vidas de quienes arrastran heridas propias: Gabriela, su hija Lucía, el profesor Antón y otros vecinos marcados por pérdidas, secretos y relaciones rotas. Pero quizá, si las cosas se ponen muy feas, haya una manera de escapar del peligro: una misteriosa puerta que aparece donde no debería existir y que conduce a “la cuarta habitación”.
Entre thriller criminal, drama emocional y horror sobrenatural, la novela explora el duelo, la culpa y la pérdida, aquello que somos capaces de hacer cuando el dolor encuentra una puerta de salida.
En Valdeluna no solo hay un asesino: también hay heridas que nunca dejaron de sangrar.
Darío Casado (Madrid, 1990) es escritor especializado en ficción fantástica, terror y narrativa oscura. Licenciado en Filología Inglesa, su trabajo explora la irrupción de lo imposible en entornos cotidianos y las consecuencias emocionales que provoca en personajes enfrentados a lo desconocido.
Su universo narrativo se mueve entre el terror sobrenatural, el suspense psicológico y los conflictos íntimos, con especial interés por las atmósferas inquietantes y aquellas formas de horror que alteran la percepción de la realidad.
Es autor de tres libros de relatos de género fantástico y terror, en los que desarrolla una mirada centrada en lo extraño como elemento desestabilizador de la lógica, la seguridad y la experiencia cotidiana. La seguridad que aporta el raciocinio, la lógica y el sentido común, puede no ser tan firme como uno pensaría.
«La cuarta habitación es una novela para lectores que disfrutan del terror sobrenatural y de las historias donde lo inexplicable irrumpe en la vida cotidiana volviéndola inquietante y amenazante. Presencias, secretos y una atmósfera de creciente oscuridad atraviesan una narración en la que el miedo no nace solo de lo que se ve, sino, sobre todo, de aquello que desafía la lógica y altera la realidad. Combinando horror sobrenatural, tensión psicológica y suspense, la novela explora los vínculos familiares, las heridas íntimas y los silencios que pueden convertirse en puertas hacia algo perturbador.
Valdeluna apareció por primera vez en un relato corto y desde entonces ha sido centro de varias novelas e historias en las que sus personajes y rincones han experimentado las más diversas ramas y tentáculos del terror.»
«Irene la miró con los ojos muy abiertos.
—No deberíamos volver a hacerlo. Ha sido aterrador.
Lucía asintió. Sergio estaba blanco y no había reaccionado todavía. Y cuando Irene abrió completamente la puerta de su habitación para dar las luces e iluminar cada rincón de la casa buscando cierta seguridad y protección, la chica se percató de algo.
—No… —murmuró, apenas audible.
Sergio giró la cabeza, confundido.
—¿Qué pasa?
Irene dio un paso atrás, como si el suelo se hubiera vuelto inestable.
—Eso… eso no estaba ahí antes.
En la pared del pasillo, justo al lado de la puerta del baño, colgaba una fotografía enmarcada. Una foto familiar. La típica imagen de vacaciones: Irene, Sergio, su madre y su padre sonriendo en una playa que ninguno de ellos habría reconocido. Porque Irene sabía que esa foto no existía. Nunca la habían tomado. Nunca habían estado en ese lugar. Nunca habían posado así.
—Esa foto no es real —dijo, con la voz quebrada—. No existe. ¡No existe!
Sergio se acercó un poco, intentando enfocar.
—¿Estás segura? —preguntó casi más para tranquilizarse que por dudar realmente.
—¡Claro que estoy segura! —explotó Irene, temblando—. Esa foto no la he visto en mi vida. No… no es nuestra.
Lucía no apartó la mano de la puerta. Parecía asustada. Entonces Irene vio algo más. La puerta del baño estaba entreabierta. Muy poco, apenas unos centímetros. Lo suficiente para que algo pudiera asomarse. Y algo lo hizo.
Entre la rendija del baño, apenas un par de centímetros de apertura, se veía un ojo. Un ojo inmóvil, abierto de par en par, observándolos sin pestañear. La pupila era completamente negra, sin brillo, sin reflejo, como un agujero que absorbía la poca luz del pasillo. La piel que lo rodeaba tenía un tono grisáceo, enfermizo, como si perteneciera a un rostro que no debería existir en ningún lugar, en ningún mundo. Irene no alcanzaba a ver la cara entera, solo ese fragmento, ese ojo que parecía demasiado grande para un ser humano, demasiado quieto, demasiado consciente y que la observaba.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Darío Casado os lo agradeceremos.